Chema Madoz presenta en la Galería Esther Woerdehoff de París “Obras Maestras”

La Galería Esther Woerdehoff de París presenta las obras más recientes del fotógrafo español Chema Madoz para celebrar la salida de su monografía, publicada por Ediciones La Fábrica. Un zapato de hombre atado con cabellos trenzados; gotas de agua que juegan a hacer de lupas sobre un alfabeto tipografiado o un libro situado en el abismo, estas fotografías describen el inventario poético de una realidad transfigurada por la mirada ilusionista de un fotógrafo en soberbias tiradas reveladas en bromuro de plata.

Chema Madoz presenta en la Galería Esther Woerdehoff de París “Obras Maestras”
Chema Madoz, “Sin título”, 2008. © Chema Madoz. Cortesía de la Galería Esther Woerdehoff.

Nacido en Madrid en 1958, Chema Madoz descubre el objetivo visual y la tirada fotográfica como autodidacta a comienzo de los años ochenta, en la efervescencia de la Movida. Retomó los estudios de historia del arte y de la fotografía profesional en un curso nocturno, realizó su primera exposición que le supuso su primer premio en 1984. Trabajó en principio los exteriores, explorando las relaciones singulares que él crea entre sus personajes y el ambiente; se consagró enseguida de modo exclusivo a fotografiar objetos y construyó con el tiempo una obra que refleja su mundo interior. Ignora voluntariamente las modas del arte contemporáneo y transmite un imaginario poético y fantástico bajo un rigor formal de gran coherencia artística.

Si bien se pueden describir las fotografías de Chema Madoz como naturalezas muertas y encontrar semejanzas gráficas con la producción publicitaria de los años treinta, uno se da cuenta muy pronto de que cada imagen es de hecho un poema visual.

Chema Madoz, “Sin título”, 2006. © Chema Madoz. Cortesía de la Galería Esther Woerdehoff.
Chema Madoz, “Sin título”, 2006. © Chema Madoz. Cortesía de la Galería Esther Woerdehoff.

Como un poeta encaja las palabras, Chema Madoz trabaja a partir de un vocabulario de objetos que él combina, rebusca, conjunta u opone para obtener encuentros inesperados, donde el surrealismo y el absurdo no están lejos. El fotógrafo acumula en su taller objetos captados en los brocantes, las tiendas o las papeleras, como un gabinete de curiosidades anodinas que esperar ser reveladas. Los objetos elegidos parecen salir de un imaginario atemporal: libros, relojes, escaleras, objetos que han sido imaginados desde el siglo XIX. Chema Madoz los extrae de su banalidad utilitaria para realizar los sueños a los que aspiran, desafiando las leyes de la física y del realismo: un vaso de agua se abstrae de la gravedad, una libreta deviene en ocaso del sol y las notas de música se evaden del pentagrama de la partitura.

El fotógrafo se hace a veces escultor y metamorfosea los objetos como el escarpín femenino donde ha reemplazado el tacón de aguja por la torre Eiffel invertida. Liberado de su utilidad práctica, se hace símbolo, sin necesidad de convertirse en prisionero de una lectura única; la ausencia de leyenda permite al espectador una libertad interpretativa total. Chema Madoz comparte así su universo íntimo, entre un humor ligero y una ironía a veces chirriante. Sus construcciones poéticas nos invitan a escapar de la banalidad de lo cotidiano para la todopoderosa imaginación: “Cuando tomo una foto me siento al borde del vacío porque no sé nunca cual va a ser la siguiente. Y es precisamente esto lo que me hace atrayente un trabajo lleno de misterio y de riesgo y que me enfrenta a un nuevo viaje cada día”.

La fotógrafa americana Duane Michals escribe que “Madoz vive en un espejo y ve el mundo con la cabeza al revés y a la contra”. Así, seductor, el reflejo de la realidad es una imagen artificial y fotógrafo se divierte con la incredulidad de los espectadores que piensan la fotografía como una representación literal del mundo real. Si los objetos sujetos de las imágenes se inscriben en la realidad y no constituyen el objeto de los fotomontajes o de transformación de la imagen a posteriori, no existe por tanto más que para ser fotografiados, instalaciones efímeras fijadas por la imagen falsamente objetiva de su presencia. En este sentido, las fotografías de los objetos de Chema Madoz se comportan como espejismos, interrogando nuestra percepción de la realidad y de su representación.
Fuente: Galería Esther Woerdehoff, París

Título de la exposición: “Chema Madoz: Obras Maestras”
Sede: Galeria Esther Woerdehoff
Ciudad: París
País: Francia
Fechas: Del 2 de marzo al 3 de abril de 2011

 
 
 

Una respuesta a “Chema Madoz presenta en la Galería Esther Woerdehoff de París “Obras Maestras””

  1. Solo comentar que aunque no conozco la totalidad de las obras de Madoz, dos de ellas: La de la mujer de blanco con una copa de vino que simula un pubis y la del cuchillo-cuchara o parecida, no se corresponden con ideas originales. Incluso, me atrevería a decir que son plagios de fotógrafos no muy conocidos de los años 20, 30 y 40 del siglo XX. Creo recordar que la de la mujer es un plagio de una obra publicitaria para vinos o bodegas.

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