Carlos Cruz-Diez: “Mi estética es la eficacia de la evidencia, quiero ser eficaz para conseguir un efecto determinado”

Carlos Cruz-Diez nació en Caracas en 1923, y desde 1960 vive y trabaja en París.

Entusiasta investigador y estudioso del color, es uno de los exponentes más importantes de la corriente del Op-art en el mundo, siendo su propuesta la de que el color es una realidad autónoma, que se modifica en el tiempo y en el espacio real, sin ayuda de la forma y sin necesidad del soporte.

Sus obras se integran las colecciones permanentes del MoMA de New York, la Tate Modern de Londres, el Centre Gerorges Pompidou de París, el Museum de Fine Arts de Houston, el Musée d´Art Moderne de la Ville de París, por mencionar las más importantes.

Sencillo, íntimo, de hablar pausado y bajo, contagia sin embargo su total pasión por su trabajo sobre el color.

Carlos Cruz Diez está realizando en este momento una retrospectiva itinerante por Latinoamérica : “El color en el espacio y el tiempo”.

"Entrevista a Carlos Cruz-Diez" "Estampa 2011"Carlos Cruz-Diez en Estampa 2011. © XTRart.

¿Dónde, cuándo y cómo comienza su investigación sobre el color y llega a esas conclusiones?

Ha sido un camino largo y doloroso. Desde los 17 años sentía una inquietud sobre el color. Yo era y soy pintor y dibujaba bien, y el instrumento fundamental del pintor es el color, pero sentía la inmensa responsabilidad de hacer algo trascendente. En realidad no encontraba la verdadera razón de ser pintor, quería encontrar esa rendijita para investigar, buscar un motivo de reflexión, y fue en el color donde lo encontré, donde investigar las posibilidades de modificar nociones, porque es lo que hace el artista a lo largo de su trayectoria: buscar nuevas salidas o nociones  para la apertura del conocimiento.  Lo que queda en la historia, en la música, en la literatura es aquello que ha modificado un concepto, lo demás desaparece.

Comenzaron entonces las investigaciones, el informarme a todos los niveles, históricos, artísticos, filosóficos, científicos…Tenía que inventarlo todo, hasta el vocabulario y la sintaxis. Todo tomó mucho tiempo y también se acumularon los fracasos, aunque ya sabe que a la perfección se llega a través de los fracasos…

Me fui de Venezuela, porque había comenzado a elaborar una plataforma conceptual que no coincidía con la noción de arte que se tenía por allí, y cuando fui a París en el año 1954 en realidad fui allí a dar y no a buscar.

En 1954 visité el Salón de Mayo y  me di cuenta de que la pintura estaba fatigada. Era el Salón de Mayo de Arte Abstracto, y ver un cuadro era como verlos todos. Todos hacían el mismo cuadro y allí me di cuenta de que iba por el buen camino, que había que cambiar la noción de arte.  Había que buscar otras salidas, había que estructurar el nuevo discurso.

Fue una experiencia enriquecedora encontrar artistas de todo el mundo que estaban en la misma aventura  de perseguir y formular las nuevas nociones de arte. Fue de mucha importancia para mí ya que me aseguraba que estaba en el camino correcto.

Por primera vez el tiempo y el espacio eran los instrumentos de la noción de arte.  Antes el tiempo y el espacio estaban transferidos al soporte, y el color era el  acompañante de la forma. Si alguien quería pintar una manzana, el color rojo y verde se trasladaban a la tela como un auxiliar en la transposición de la naturaleza, por ejemplo, y estudié varios casos diferentes del uso del color por los artistas, pero en ninguno de los planteamientos se trataba al color como una situación en continua transformación y totalmente autónoma.

Quizá podemos decir entonces que antes  los cuadros estaban realizados como hasta la mitad. Faltaba la otra mitad, que es nuestra intervención en el mismo cuadro para que se complete. Si nos movemos frente a las obras de la serie de “fisicromías, veremos cómo van cambiando los tonos cromáticos y las formas. Hay instalaciones en las que lo único que se puede contemplar son climas de luz y al caminar dentro de esos climas vemos las variaciones resultantes de nuestro movimiento y de los reflejos de luz combinados con los otros colores.

Toda mi obra pone en evidencia que el color es cambiante, mutante y efímero. Es decir, no es algo permanente ni eterno.

Carlos Cruz-Diez, “Cromosaturación”. Cortesía del artista.

Usted ha realizado muchas obras efímeras en lugares públicos, entre otros lugares . ¿Encuentra en el arte efímero una respuesta artística a la sociedad actual?

Efímeros somos todos, usted, yo, todos somos efímeros, pero usamos el arte para comunicarnos.

En mis pinturas antes la gente decía: “¿Y dónde está el hombre, la figura?”. Yo lo que muestro es el fundamento mismo del hombre, el pensamiento, la realidad interior. No la realidad exterior. El tiempo no existe, no hay pasado ni futuro, es el instante. Todo mi trabajo está basado en construir situaciones efímeras, para darle al color su verdadera condición, que es lo inestable y lo cambiante.

El arte está en todas partes, es amor, es el mecanismo más eficaz  y el más importante que el hombre haya podido crear.  Es hecho por la gente y para la gente, hace perceptible lo que era invisible, permite descubrir cosas. Es la voluntad de comunicar placer al espíritu, revelar lo inédito y ampliar el verdadero conocimiento.

¿Cómo es el proceso creativo de una obra suya?

Toda obra es el soporte y materialización de una reflexión. Yo voy realizando un clima, creo climas, como una partitura de música que se va estructurando sin oírla. Yo proyecto para ser eficaz.  Por ejemplo, proyecto el tiempo que tiene que pasar una persona delante de un cuadro para percibir el cambio de los tonos cromáticos. Proyecto para ser eficaz. Es la eficacia de la evidencia.

Si proyecto un clima, lo voy desarrollando, preparando.  Por ejemplo,  si combino un violeta con un gris, se transforman: es un proyecto vital, y para ser eficaz, luego de mucho tiempo necesito un determinado espacio para que sea eficaz . En resumen, mi estética es la eficacia de la evidencia, quiero ser eficaz para conseguir un efecto determinado. Luego claro, viene la parte artesanal.

¿Cómo considera a las obras resultantes de las intervenciones de usuarios de iPhone y iPad que pueden hacer obras de Cruz –Diez utilizando sus herramientas?

Esto no significa que lo que hagan tenga valor artístico. La tecnología nos ofrece la posibilidad de expresarnos, pero no significa que quien la manipule haga necesariamente arte.  Lo hago para que el espectador se involucre más y experimente con el color. Ya le he comentado que mis cuadros  o instalaciones o climas necesitan de la participación del espectador, y utilizando sus técnicas y herramientas puede investigar el espectador mismo, y eso es muy importante.

¿Será por eso que tiene tanto éxito de público además en sus exposiciones?

Puede ser, es increíble.  En Houston he tenido medio millón de visitantes, y en el MALBA de Buenos Aires, durante el primer mes de la muestra, fueron 56.000.

Alma Ramas López

 
 
 

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