Malas prácticas en las ruedas de prensa, por la Asociación Madrileña de Críticos de Arte

Los periodistas, informadores y críticos de arte necesitan ruedas de prensa, ágiles, operativas, informativas y con posibilidad de participación, lejos de las malas prácticas en las actuales ruedas de prensa, que se convierten en actos sociales, donde además se convoca a coleccionistas, galeristas, conservadores y ayudantes de museos, restauradores, autores de las fichas catalográficas… En suma un “totum revolutum” que produce una entropía in crescendo”.


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Nos gustarían ruedas de prensa en las que se facilitara la entrada libre a la exposición antes y después de las mismas y no sólo a los fotógrafos o cámaras de TV. Esto facilitaría el conocimiento y la comunicación de presentadores e informantes.

Recordemos algunas nociones básicas de manual del periodismo como:

“El periodismo o es crítico o no es tal” (lo que no quiere decir que lo sea en toda su extensión).

“En las ruedas de prensa ni se aplaude ni se patea a los que intervienen”.

Pues bien, de un tiempo a esta parte, venimos observando que los asistentes (coleccionistas, galeristas, conservadores y ayudantes de museos, restauradores, autores de las fichas catalográficas …) aplauden a rabiar o que los presentadores se llevan su propia claque.

En algunos casos, si a un periodista, informador o crítico de arte se le ocurre hacer una pregunta crítica a los presentadores de la mesa, cuando el aludido responde más o menos enfadado, se ve gratificado por una nueva salva de aplausos de los coleccionistas, galeristas, conservadores y ayudantes de museos, autores de las fichas catalográficas … que tratan de restaurar el posible honor perdido del presentador aludido.

A este respecto, hemos visto casos sangrantes en el IVAM y en Palacio Real, situaciones que han coartado cualquier otra posible pregunta crítica de los periodistas, por temor a ser castigados con palmetas en la punta de las manos. En un caso de Palacio Real, el presentador exigió de pronto la identificación de los periodistas, para clarificar a quien tenía delante (nada que objetar a este respecto).


Largas y tediosas

Las ruedas de prensa de las exposiciones de museos, fundaciones, círculos, palacios reales y otras instituciones, se han convertido con harta frecuencia en largas y tediosas hasta decir basta.  La fatiga que producen es tal, que muchos informadores toman la documentación y se van a ver la exposición, si en el mejor de los casos lo permiten antes de que acudan los presentadores.

Las listas de agradecimiento de los directores de instituciones y comisarios, llenan páginas enteras, no en los catálogos sino en el tiempo de presentación. El bostezo es tal entre los asistentes que algunos advierten por activa o pasiva, es decir directa e indirectamente a través de los directores de comunicación o jefes de prensa, que no es de recibo los innumerables agradecimientos. No siempre ponen buena cara a los mensajeros de la queja, a los que a veces matan con miradas de menosprecio. Como los personajes aludidos en los agradecimientos están presentes en las ruedas de prensa, la tromba de aplausos está asegurada.

El conservador jefe del Museo Thyssen-Bornemisza, ante la queja pública de una informadora- alegó que como en la inauguración de las exposiciones de Madrid no se pronuncian discursos, se aprovechan las ruedas de prensa para hacer esa práctica (aburrida y atroz) de los agradecimientos. “Así que: paciencia”, concluyó sin inmutarse.

Conclusión: que oigan los periodistas lo que autoridades e invitados VIP no podrían soportar.

Usurpar el tiempo de los informadores

Peor aún es cuando los coleccionistas, galeristas, conservadores y ayudantes de museos, restauradores, autores de las fichas catalográficas… toman la palabra en las ruedas de prensa y preguntan como si fueran periodistas, informadores o críticos de arte. En tal caso y ante las respuestas que a veces son sub-conferencias,  el tiempo se pasa y nadie ha podido hacer una pregunta en condiciones suficientes de tranquilidad y sosiego.

Con frecuencia los informadores salen de las ruedas de prensa con la sensación de que los presentadores no las quieren y tratan de obviarlas, primero  con larguísimos parlamentos, o con claras sugerencias de “ustedes podrán abordarnos a los presentadores a lo largo de la exposición”. Prefieren la distancia corta a la respuesta pública siempre más comprometida.

Por otra parte, algunos de los directivos de comunicación se permiten distribuir los catálogos a discreción organizando verdaderos agravios comparativos.

Muchas de las instituciones españolas citadas ni siquiera permiten la entrada directa de los informadores a las exposiciones -sin hacer cola- con la acreditación corporativa, como sucede en otros países y lugares, Museo del Louvre sin ir más lejos.

Las buenas prácticas no sólo deben tenerse en cuenta a la hora de elegir a los directores de los museos entre el propio gremio, sino también a la hora de plantear la comunicación con los informadores que van a transmitir a la opinión pública. Por el momento las ruedas de prensa dejan mucho que desear, porque están saturadas de malas prácticas.

Fuente: Asociación Madrileña de Críticos de Arte

 
 
 

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