MARTA DAHÓ / Maxence Rifflet

Une route, un chemnin, de Maxence Rifflet.  Por Marta Dahó

Entre 2007 y 2010, Maxence Rifflet (París, 1978), por invitación del centro de arte Le Point du Jour y Pôle-image Haute-Normandie, lleva a cabo un recorrido singular en dos territorios de Normandía que dará lugar a un proyecto de carácter documental, el cual, bajo el título de  Une route, un chemin [1] , articula y revisa la tradición de lo pintoresco sin desvincularlo de un interés  medioambiental.

Más concretamente, Le Point du Jour [2] propuso a Rifflet trabajar sobre una carretera llamada “la turistique” que bordea la costa de Antin conectando Cherbourg y Coutances. El proyecto partía, pues, de esta dificultad inicial: pensar el territorio desde la observación del tejido que la carretera ha ido fragmentando con el propósito de experimentar sus paisajes colindantes, no únicamente desde un punto de vista estético —en la constatación de su belleza o de su degradación—, sino con el deseo de incorporar a la experiencia subjetiva y personal del trayecto la comprensión por los instrumentos y las actividades que han dado forma al lugar; es decir, qué decisiones lo han configurado y en qué modo esas capas de territorio han ido solapándose con referencias estéticas generando así un imaginario del lugar, materializando ese filtro identitario que lo hace reconocible en sus particularidades.

 Maxence Rifflet tenía, por lo demás, no pocos recuerdos de infancia de este lugar de la costa normanda, donde había pasado vacaciones de infancia, lo cual no es un dato irrelevante si el propósito de la exploración conlleva además un replanteamiento sobre las modalidades de interpretación que se despliegan en la representación fotográfica del territorio. Rifflet decide entonces abordar el proyecto sin demasiadas anticipaciones programáticas de tipo iconográfico. Prefiere caminar por los caminos cercanos antes que recorrer en coche la carretera, alternar los momentos de soledad y los encuentros con las gentes del lugar o excursionistas de paso y escribir sobre la propia experiencia sin limitarla excesivamente de antemano en un relato, que en su formato editorial acompaña las imágenes.

 La cuestión del placer estético-contemplativo como único elemento significativo en la representación visual de la naturaleza ha sido objeto de importantes revisiones críticas, aunque si nos atenemos a la producción fotográfica contemporánea esta tendencia sigue estando muy presente, si bien los referentes han cambiado de signo: aquello que ahora predomina es el descampado periférico, el terrain vague, el espacio rururbano o periurbano, de una manera no muy distinta a como podrían serlo antes las marinas o los paisajes más pintorescos.

 En una lenta y progresiva transformación, este tipo de espacios posindustriales se ha ido estetizando. Lugares anteriormente considerados tan comunes y banales que eran prácticamente invisibles, hoy se han convertido literalmente en un “lugar común” de la práctica artística. El origen de esta tendencia hoy ya popular proviene, sin duda, de la renovación que se produce en la escena del arte a partir de mediados de los años sesenta y de las contribuciones de algunas figuras claves que propiciaron otro tipo de tránsitos y experiencias en un territorio que, por aquel entonces, estaba desprovisto de referentes estéticos. En este sentido, resulta difícil no recordar ese ejemplo predilecto de los historiadores que convirtieron la experiencia del escultor Tony Smith por la New Jersey Turnpike en la versión moderna de la ascensión al monte Ventux de Petrarca (para muchos, acto fundacional del concepto de paisaje en occidente). En su coche, Smith seguramente no llevaba las confesiones de San Agustín en la guantera —referente indiscutible de la excursión del poeta italiano—, pero quizás sí alguna composición de John Cage en mente que le instigó a percibir esa autopista en obras sin señales ni iluminación como “el fin del arte”. Pero fue especialmente Robert Smithson quien supo reconocer en esa experiencia el punto de inflexión que representaría para el concepto de paisaje. De hecho, la referencia a lo pintoresco, tal y como la replantearía Smithson en sus escritos, es justamente uno de los principales elementos de reflexión de este proyecto de Maxence Rifflet, un autor que, sin duda, constituye un caso atípico en esta renovada tendencia a la representación paisajística que, desde hace algunos años, no ha dejado de aumentar de forma exponencial.

La selección de imágenes que presentamos aquí permite, aunque sea de forma sesgada, apreciar algunos de los elementos que confieren valor a su enfoque. El paisaje, como apuntábamos al principio, no está desconectado de la reflexión por las actividades laborales que moldean cotidianamente al territorio, a las formas de hábitat o a los microrelatos que atraviesan la vida de los individuos que lo transitan. Por otra parte, es importante destacar que, para Rifflet, el paisaje no es sino una subcuestión del territorio, un territorio entendido como situación geográfica, social y psicológica tal y como se ha encargado de cuestionar y reconceptualizar el historiador del arte Jean François Chevrier, con quien Rifflet ha colaborado en numerosas ocasiones a través del grupo de trabajo Des Territoires [3] . Por tanto, se trata aquí de una práctica artística desarrollada en un territorio en el cual se atienden a sus formas geográficas y a nociones históricas ligadas a la poética del lugar desde la experiencia de situaciones concretas que remiten a una trama más extensa de correspondencias entre las ciencias humanas y el medioambiente.

En el caso específico del proyecto Une route, un chemin, cabe señalar que, como ha ocurrido en tantas ocasiones con la construcción de carreteras, la “turistique”, cuyas obras datan de los años setenta del siglo pasado, fue objeto de encendidos debates. Aquello que es importante subrayar aquí es la manera en que la irrupción que materializa la carretera en la continuidad de la naturaleza viene tematizada en las imágenes de Rifflet, cuya visión no huye ni del enfoque especulativo en lo que concierne a los vínculos económicos, socio-políticos y culturales que se tejen en el propio territorio, ni de las derivas más personales a las que pueden conducirnos sus recorridos: las relaciones de escala entre sus protagonistas y el paisaje o los vínculos entre lo urbano y lo rural.

__________

Maxence Rifflet (Paris, 1978). Artista, profesor y miembro del grupo RADO. Desde hace diez años compagina los proyectos personales con la actividad en el ámbito social.  En 2010 presentó dos exposiciones  (Le point du jour / Pôle-image haute-Normandie) acompañadas del libro Une route, un chemin. En 2004, publicó Fais un fils et jette-le à la mer con Yto Barrada y Anaïs Masson, fruto de una experiencia de carácter pedagógico llevada a cabo en Marseille y Tanger con adolescentes marroquíes. Actualmente trabaja con el grupo RADO en un encargo público sobre la población de Tulle por invitación de la Association Peuple et Culture Corrèze. (www.groupe-rado.org)

Marta Dahó es licenciada en Historia del Arte por la UAB y Master en Estudios avanzados en Historia del arte por la Universidad de Barcelona. Actualmente compagina el comisariado de exposiciones con la docencia en Idep (Barcelona)  y Lens (Madrid). Entre sus proyectos más importantes destacan la retrospectiva de Graciela Iturbide (Fundación Mapfre, 2009), An idea of Europe (Festival Fotofreo, 2010) y Talent Latent (Festival Scan, 2008).

Notas:

[1] www.maxencerifflet.com/route_chemin_exposition.html.
[2] www.lepointdujour.eu/fr.
[3] www.desterritoires.com

Imágenes:

Pertenecientes al proyecto Une route, un chemin. Cortesía del artista.

01 Hameau La Roche, Auderville, mai 2007, tirage argentique noir et blanc, 65 x 95 cm
02 Chemin des douaniers, Landemer, mai 2007, tirage argentique noir et blanc, 158,6 x 194 cm
03 Nez de Voidries, cap de la hague, septembre 2007, c-print 65 x 92 cm
04 Le remplissage de la trémie, hangar ostréicole, Blainville-sur-mer, mars 2008, c-print 91 x 113 cm
05 Dune mobile percée par la marée, Blainville-sur-mer, vendredi 7 mars 2008 tirage argentique noir et blanc, 114,5 x 91,4 cm
06 Microfalaise, Montmartin-sur-Mer, mars 2008, tirage argentique noir et blanc, 50 x 65 cm
07 Gérard Legruel, juin 2008, c-print, 87 x 108 cm
08 Retour à la bergerie avant la grande marée, Saint-Germain-sur-Ay, février 2008, c-print, 149 x 187 cm
09 Le reflux de la mer sous laroute touristique, havre de Geffosses, février 2009 c-print, 58 x 73 cm
10 Anneville-sur-mer, septembre 2009, c-print, 80×100 cm

 
 
 

Comentarios cerrados