Alberto Giacometti o ‘La escultura como tablero de juego’

La Fundación Mapfre de Madrid acoge la exposición de Alberto Giacometti La escultura como tablero de juego. Esta exposición analiza las relaciones espaciales que el artista establece entre sus esculturas en una espectacular muestra que incluye 190 obras. La exposición, comisariada por Pablo Jiménez Burillo y Annabelle Görgen-Lammers, permanecerá abierta hasta el 14 de agosto de 2013.

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©  Alberto Giacometti. El claro, 1950.

Tras dejarse influir por el sentido mágico de las esculturas de África y Oceanía y someter su obra a un proceso de simplificación de formas que seduciría a los surrealistas, Alberto Giacometti comenzó a plantear su producción escultórica como un lugar que el espectador podía transitar, un terreno de juego en el que cabían vida, muerte y arte y en el que el público cumplía la función de ser una ficha más. No sólo su obra, también su taller de Montparnasse, fueron para Giacometti un tablero en el que experimentar con la presentación espacial de sus trabajos y los nexos entre ellos.

En total la muestra reúne 190 piezas que el artista realizó a lo largo de su trayectoria, seleccionando aquellas que más nos ayudan a comprender esa concepción lúdica de la escultura. Se trata de esculturas (en su mayor parte), pinturas, dibujos, fotografías y grabados que han cedido para la ocasión treinta y dos instituciones internacionales, entre ellas Kunsthaus Zürich, la National Gallery of Art de Washington, el MoMa, la Tate o el Centre Pompidou.

La escultura tradicional le resultó al artista algo estrecha, es por eso que ya desde sus inicios en París (1922) encontramos cabezas aplanadas y objetos sin pedestal que podían ser tirados o utilizados como instrumento de juego. Posteriormente, a comienzos de los años treinta, elaboró esculturas horizontales que concibió como maquetas de lugares en las que espacio y tiempo real parecían tener cabida. Diversos elementos dispuestos sobre una plancha que evocan el erotismo y la llegada de la muerte, aspecto ya presente en sus dibujos preparatorios.

Junto a sus esculturas, Giacometti dibujaba pequeñas figuras humanas que nos sugieren que estos proyectos podrían extrapolarse a plazas monumentales, a espacios públicos, cambiar de escala y convertir al espectador en sujeto activo.

Tras desligarse del Surrealismo en 1934 y dejar atrás la II Guerra Mundial, tuvo una visión del tiempo como disco circular y horizontal de dos metros de diámetro que evocaba igualmente el espacio y su forma, aunque nunca llegó a ejecutarse como tal.

También desde 1945, y siguiendo un proceso que él en sus escritos describe como inevitable, sus esculturas no menguaron en su tamaño pero sí fueron adelgazando, convirtiéndose en las figuras hiperestilizadas que hoy identificamos claramente con el autor y que se interrelacionan unas con otras sobre planchas de bronce que remiten a paisajes naturales o urbanos. Cambió también tras la guerra su visión de la ciudad y del campo: la primera se vuelve desconocida y había que redescubrirla, el segundo se convierte en tema de inspiración.

Pero nunca perdió Giacometti su obsesión por experimentar con el espacio: a lo largo de casi cuatro décadas, empleó las mismas distancias en sus retratos y, en el suelo de su taller, una marca roja indicaba la posición en la que debía ubicarse la silla donde se sentara el modelo, que siempre debía ceñirse a “las reglas del juego”.

Fuente: Fundación Mapfre

Título de la exposición: La escultura como tablero de juego
Sede: Fundación Mapfre
Ciudad: Madrid
País: España
Fechas: Del 13 de junio al 14 de agosto de 2013

 
 
 

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