‘Dentro y fuera. Las dos caras del Informalismo español en la Colección del Museo Reina Sofía’ llega a Nagasaki

Tras su paso por el National Museum of Western Art de Tokio, la exposición Dentro y fuera. Las dos caras del Informalismo español en la Colección del Museo Reina Sofía, organizada por el Museo Reina Sofía y Acción Cultural Española (AC/E) con motivo del Año Dual España-Japón, se podrá ver a partir de mañana y hasta el 9 de marzo de 2014 en el Nagasaki Prefectural Art Museum.

Acción cultural

Imagen cortesía de Acción Cultural (AC/E)

El Año Dual España-Japón, que se celebra desde junio de 2013 y hasta julio de 2014, conmemora el 400 aniversario del establecimiento de relaciones bilaterales entre ambos países tras la llegada a España, en 1614, de la primera delegación diplomática nipona, conocida como la Embajada Keicho. Con este motivo, AC/E ha organizado diversos proyectos para dar a conocer a los japoneses la pujanza de los creadores españoles más contemporáneos e impulsar el entendimiento mutuo y abrir nuevos horizontes de colaboración.

Uno de estos proyectos es esta muestra que recoge 9 pinturas ‑de las 14 que se pudieron ver en Tokio‑ de cuatro de los artistas más significativos del Informalismo español: Antonio Saura (Huesca, 1930), Antoni Tàpies (Barcelona 1923), José Guerrero (Granada, 1914) y Esteban Vicente (Turégano, 1903). Esta corriente destaca tanto por su significación histórica como por la importancia que supone en su época para la recuperación del espíritu de vanguardia dentro del arte español.

Nuevos campos de experimentación

Esta generación de artistas, marcada por la experiencia de la guerra civil española, cuestiona de forma radical los principios estéticos de la cultura occidental y su sistema tradicional de representación, integrándose en esta nueva corriente informalista que se extiende con celeridad por toda Europa. La obra de estos creadores reivindica un nuevo campo de experimentación para la pintura, en el que se rechaza el lenguaje icónico, para dar prioridad al gesto, la materia, lo táctil, la huella del cuerpo humano.

La exposición contrapone la obra que se realizó dentro y fuera del país. En la península trabajan Antonio Saura en Madrid y Antoni Tàpies en Barcelona, mientras que José Guerrero y Esteban Vicente se trasladan a Estados Unidos, donde trabajan en el contexto de la Escuela de Nueva York.

La obra de todos ellos participa de un mismo lenguaje, la necesidad de encontrar una nueva forma de expresión, en la que se elimina cualquier referencia al mundo real y a la tradicional concepción del cuadro concebido como ventana. Su pintura, que subraya la disolución de la forma y la composición, simboliza asimismo en ambos casos, la nueva posición ética y estética de la vanguardia después de la quiebra que suponen las sucesivas guerras española y mundial.

Dos vertientes pictóricas

Sin embargo, las obras que componen esta exposición ejemplifican claramente los dos distintos modos de hacer de estos cuatro creadores. Saura y Tàpies encarnan la elaboración de esta pintura informal, que constituye la corriente dominante en el panorama plástico español en la década de los sesenta. Pintura gestual, efectuada de forma instintiva y espontánea, que encuentra sus raíces en métodos utilizados por el surrealismo, por parte de Saura, y pintura matérica, opaca y física, protagonizada por la densidad de empastes que crean un soporte convertido en muro, por parte de Tàpies, conforman dos posiciones, que se nutren de las mismas referencias, la profunda reflexión sobre la propia esencia hispánica en la vertiente asociada a la España Negra, que culmina en la trágica historia de la España contemporánea.

Fuera del ámbito peninsular trabajan Guerrero y Vicente en el contexto del expresionismo abstracto norteamericano, que reivindica el énfasis en los principios visuales de la pintura y en el trabajo sobre su propio medio: el color y la bidimensionalidad del lienzo. La afirmación de una experiencia visual libre de cualquier condicionamiento material o social, marca la obra de Guerrero y Vicente, en la que el sentido plástico del gesto pictórico y la expresividad en Guerrero y el trabajo de la luz y el color hasta su máxima depuración en Vicente, suponen una pintura personal e independiente en el ámbito norteamericano, cuya característica común es la alusión a la tradición cultural y pictórica española. José Guerrero retorna a España en 1965, mientras que Esteban Vicente permanece en Estados Unidos toda su vida.

La pintura de Guerrero y Vicente se asocia a un lenguaje abstracto que da cabida a sus aspiraciones de absoluta autonomía y libertad creativa, cuya renuncia de la representación subraya el trabajo del color, de su expresividad y de la luz que proporciona. La obra de Saura y Tàpies es introspectiva, asociada a la reflexión sobre las raíces éticas de la libertad individual y ofrece rasgos gestuales y matéricos, resueltos mediante un cromatismo restringido a blancos, negros y tierras.

Esta mutación de la abstracción que confiere una identidad distintiva al Informalismo, en su rechazo de la imagen y de la pintura tradicional, ofrece por tanto múltiples dicciones, en cada una de las individualidades que integran esta corriente.

Una es la vertiente más pictórica que ofrecen los creadores residentes en Estados Unidos, basada en el trabajo del color, que mediante el uso de las nuevas técnicas, chorreados y goteos, manipulados por palos y pinceles, ofrecen un nuevo campo de experimentación plástica abierto al gesto instintivo y espontáneo. Y otra es la vertiente más introspectiva asociada al españolismo crítico y al impulso regeneracionista al que se adscriben los artistas españoles frente a la desolada realidad cultural del momento.

Estos creadores participan del análisis derivado de los medios filosóficos y literarios en relación con la reinterpretación de la Generación del 98 y el llamado “problema de España”, cuya interpretación plástica, desarrolla, a través del gesto, la grafía y la materia, su propio discurso. Estos dos modos de hacer dentro y fuera de España, proyectan la luz y la sombra que identifican las dos caras del Informalismo español.

Antonio Saura (Huesca 1930 – Cuenca 1998) comienza a pintar de forma autodidacta a los 17 años en Madrid. En la década de los 50 realiza sus primeras exposiciones y se desplaza también a París, donde participa en las actividades del grupo surrealista, apartándose después para ir adoptando un estilo propio e independiente. En 1957 funda en Madrid el grupo El Paso y en los años 60 comienza a exponer su obra en los principales museos a nivel internacional y empieza su trabajo escultórico. En 1971 abandona la pintura sobre lienzo, que retomará en 1979, para dedicarse a la escritura, el dibujo y la pintura sobre papel. A partir de 1977 empieza a publicar sus escritos y realiza varias escenografías para el teatro, así como para el ballet y la ópera. Desde esa fecha y hasta su prematura muerte vuelve a desarrollar magistralmente el conjunto de sus temas y figuras.

Antoni Tàpies (Barcelona, 1923-2012) abandonó Derecho para dedicarse plenamente a su pasión artística. En los años cuarenta ya expone sus obras. Sensibilizado por la II Guerra Mundial y la bomba atómica, Antoni Tàpies se interesa de forma muy temprana por la tierra, el polvo, los átomos y las partículas, lo que se traduce en el uso de nuevos materiales en la expresión plástica y en nuevas técnicas: las pinturas matéricas forman una parte sustancial de la obra de Tàpies. Desde finales de los sesenta, su compromiso político marca el carácter de denuncia de sus obras. También acentúa su trabajo con objetos y se interesa por la tela como soporte y por otros materiales como la goma-espuma. A partir de los años ochenta, creció su interés por la cultura oriental, cuya filosofía influiría enormemente en su obra, recogiendo reflexiones sobre el dolor, el tiempo o la identidad entre hombre y naturaleza.

Esteban Vicente Pérez (Turégano, Segovia, 1903 – Nueva York, 2001), se incorporó a la Real Academia de Bellas Artes de Madrid en 1921, donde entraría en contacto con los principales representantes de la Generación del 27, como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez o Luis Buñuel. Su primera exposición individual fue en Madrid en 1928. Casado con una estadounidense, en 1936 marchó a Nueva York, donde en la década de los 40 se relacionó con los miembros de la Escuela de Nueva York, convirtiéndose en un referente de la Primera Generación del Expresionismo Abstracto estadounidense. Su obra, caracterizada por el cromatismo y un singular empleo de la luz, ha alcanzado un extraordinario reconocimiento internacional. Los principales museos de Estados Unidos y España cuentan con algunos de sus mejores trabajos, como ocurre con el MoMA de Nueva York y el Reina Sofía en Madrid.

José Guerrero (Granada, 1914 – Barcelona, 1991) estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Granada y en la Academia de San Fernando. En 1945 marcha a París donde conoce la obra de la vanguardia europea, y en particular, de pintores como Pablo Picasso, Joan Miró o Juan Gris. En esta primera época su obra aún es figurativa. Casado con la periodista estadounidense Roxanne Pollock, periodista, en 1950 marcha a Nueva York, donde formó parte de la Escuela de Nueva York y donde se convirtió en una de las voces más singulares del expresionismo abstracto americano. Guerrero, cuyo trabajo destaca por la expresividad del color, ejerció además una notable influencia en la renovación del panorama artístico español durante la transición a la democracia en los años 70.

Fuente: Acción Cultural (AC/E)

 

Título de la exposición: Dentro y fuera. Las dos caras del Informalismo español en la Colección del Museo Reina Sofía
Sede: Nagasaki Prefectural Art Museum
Ciudad: Nagasaki
País: Japón
Fechas: del 17 enero al 9 marzo 2014

 
 
 

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