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Un poco de historia

Los españoles conquistaron México 100 años antes que llegaran los “pilgrims” a los territorios americanos. En la parte norte de lo que es hoy Estados Unidos, pueblos nómadas indígenas recorrían libremente los territorios y no formarían grandes poblados, pero en la zona sur se erigieron y desaparecieron, en muchos casos por causas todavía desconocidas, varios imperios indígenas en tiempos anteriores a la Conquista.

Los comienzos de los habitantes en la zona que hoy es México también son bastantes misteriosos: máscaras y esculturas de su antiguo pasado muestran rasgos asiáticos, negros, semitas e inclusive caucásicos.

Después de unos 30.00 años de presencia humana por esas tierras, surge las cultura Aridoamericana, situada en la parte norte de México, que en realidad no constituyó una unidad cultural.

La civilización Mesoamericana, que comprende la mitad meridional del actual México y áreas de lo que es hoy Guatemala, Salvador, Belice y el occidente de Honduras, Nicaragua y Costa Rica, comienza alrededor del 2500 a.C. con el desarrollo de una civilización indígena con diversidad étnica y lingüística, caracterizándose por ser básicamente agrícola.

La tercera es la llamada Oasis-América, que se extiende desde el actual territorio de Utah en Estados Unidos hasta el sur de Chihuahua (México). Eran agricultores y contaban con un moderno sistema hidráulico, aunque lo abandonaron en torno del 1340 a.C.

Sin embargo, es llamativo que algunos sitios presenten ocupación continua desde tiempos muy antiguos, como la Cueva de la Perra, que data del 12.000 a.C.

Los primeros pueblos de la llamada cultura Mesoamericana, los Olmeca, se instalaron a lo largo de la costa del Golfo de México. Ellos crearon grandes centros de ceremonias, un calendario, canales para riego y se extendieron hasta lo que es hoy la ciudad de México. En el Estado sur de Tabasco se pueden observar gigantescas cabezas de piedra que todavía asombran a los arqueólogos: esculpidas en basalto, de casi tres metros de altura, tienen extrañas características: cascos, labios gruesos, narices anchas y ojos rasgados. Todavía están los arqueólogos y estudiosos debatiéndose de dónde provienen los Olmeca.

Cabeza olmeca en La Venta Park, Villahermosa, Tabasco. Autor: Hajor. Licencia Creative Commons Atribución-Compartir 2.0.

 

En la parte más meridional de México, en el Yucatán, surge la gran civilización Maya que floreció para luego perecer. Hay trazos de los Maya desde alrededor del 2000 a.C., pero entre el año 200 y 900 d.C. es cuando reamente floreció y llegó a su plenitud. Se extendieron por un área muy grande conectándose entre sí las ciudades-estados hasta lo que es hoy Guatemala, El Salvador y Belice.

Los jefes de estas ciudades se decían descendientes de los dioses. Tenían arquitectos y astrónomos con conocimientos muy avanzados; desarrollaron un calendario tan exacto como el Gregoriano.

Calendario Maya. Licencia Creative Commons Atribución-Compartir 2.0.

Hacían uso del cero (anterior al hindú), considerado la nada de lo que comienza todo. También desarrollaron un complejo sistema de escritura por signos o dibujos como la del egipcio antiguo. Creían que la historia debía ser preservada para predecir el futuro y que, para entender su destino, el hombre tenía que mirar hacia el cosmos, donde su futuro estaba escrito.

Mapa de los territorios olmecas y extensión del Imperio Maya. Fuente: www.latinamericanstudies.org

Durante más o menos 3000 años culturas divergentes dejaron magníficas estructuras, desde las alturas de los valles centrales hasta los trópicos, pero dejaron también profundas raíces en la psiquis de los mexicanos.

¿Quiénes eran, cómo llegaron? Algunos estudiosos sugieren que asiáticos vinieron a través de miles de años por rutas del norte, otros que vinieron en botes desde África del Norte, algunos se preguntan si no fueron los Mayas la tribu perdida de Israel, otros que cruzaron el pacífico desde India y China.

La cultura mesoamericana todavía sorprende y confunde a los arqueólogos y antropólogos. Lo único que se sabe seguro es que crearon ellos mismos y para sí su propio universo, y que hasta la llegada de los españoles no conocieron otro mundo.

En los siglos II y siguientes una tribu conocida como los Mexicas buscó en las tierras altas del actual México un lugar donde establecerse. El nombre de Aztlán, que es el de una isla en algún lugar del norte de donde provenían, fue probablemente el origen de lo que iba a ser su nombre. Creían que descubrirían sus tierras prometidas cuando vieran un águila posada en un cactus con una víbora atrapada en su pico (esa imagen luego se convertiría en la imagen del Escudo Nacional de México).

 

Escudo de los Estados Unidos Mexicanos.

Luego de mucho deambular y luchar, en la orilla del lago Texcoco, sobre una islita, había un águila posada en un cactus con la víbora retorciéndose en su pico. Allí fundaron su gran Ciudad de los Dioses: Tenochtitlan. Allí se desarrollaron, construyeron grandes templos, sacrificaron prisioneros y esclavos como ofrecimiento a los Dioses, demandaron impuestos y tributos a todos los que conquistaban, llegando a crear un estado cuyo esplendor no iba a conocer igual.

Diego Rivera: “La gran ciudad de Tenochtitlan”, 1945. Mural en el Palacio Nacional de Ciudad de México.

Se los conoció como los Aztecas y fueron el centro de la Mesoamérica hasta 1521, año en que la conquistaron los españoles, de los que luego de 300 años se independizan en 1821, transformándose en una nación de razas mixtas.


Recreación de Tenochtitlan. Fuente: skyscraperity.com

Luego de una historia llena de conflictos, invasiones, dictaduras y una cruenta Revolución, comienzan a estabilizarse políticamente después de 1920.