‘FEMINIS-ARTE (O del por qué las Venus envidian a Lady Gaga)’, por Andrés Isaac Santana

Yolanda Domínguez Pido para un Chanel FEMINIS-ARTE Andrés Isaac Santana

Andrés Isaac Santana

A Marisa Molina Madrid, ella sabe…

La recurrencia de una voz femenina en los dominios del arte resulta ya una realidad insoslayable, incluso para esos mismos impulsos sensores y falocentristas que aún proceden desde perspectivas algo encubiertas mediante estrategias de “desacreditación” y de “usurpación” de ese lugar, en beneficio de un modelo hegemónico resarcido en su idiotez más ramplona. A la insistencia y eficacia discursiva de esas posiciones rabiosamente reivindicadoras en distintos órdenes del paisaje sociocultural contemporáneo, se suma un espléndido cuerpo de poéticas que, sin reparar demasiado en el soporte, han logrado desentumecer los axiomas de una cultura dominada por la regencia y embeleso del falo lacaniano.

Son muchas las variantes estéticas dentro de ese cuerpo, tanto o más que el amplio diapasón de tendencias teórico-discursivas y de ensayos epistemológicos que lo sustantivan en el afán de validar ese ámbito de producción de sentido. Sabido es que hoy resulta poco menos que imposible hablar de un solo feminismo ortodoxo y cerrado en su propia identidad nominativa, lo mismo que hablar de una “cultura del otro” o de una “perspectiva de género” o “queer”, sin tener en cuenta el alto grado de permutabilidad y el carácter aleatorio-relacional de tales nociones o categorías. Estas operan, con mayor o menor suerte, dentro de un campo lingüístico que en reiteradas ocasiones se advierte restringido y convaleciente a tenor de la propia dimensión conceptual de las obras o de la perspectiva transversal y de acento travesti de los relatos que ellas proponen en su misma corporeidad. Si bien, por una parte, los “modelos miméticos” del pensamiento gustan operar bajo una suerte de axiología escuálida que en vez de desentrañar las claves del discurso estético lo emparente –según la ideología del corsé- con sus figuras retóricas; por otra parte, en cambio, ese repertorio de obras desautoriza la posibilidad de ser concebidas desde un único esquema interpretativo y de lectura, ampliando así, en su mismidad y diferencia, todo tipo de hermenéutica instrumental propensa a una interpretación dialéctica en extremo pedestre y trasnochada.

Al respecto resulta determinante la vasta perspectiva de enfoques y la ductilidad narrativa con que las mujeres artistas entienden el propio hecho estético en las nuevas coordenadas históricas, más allá del acto puntual, anecdótico o de ese mismo cliché que lo reduce a unos lugares específicos de fruición de la voz. Localizadas en esa misma zona de encuentros y de disidencias continuas que subvierten la normativa del falo, sus propuestas ideo-estéticas relativizan las pretensiones axiomáticas y se abren a un maremágnum de narraciones que rara vez pueden ser condensadas en un cuerpo analítico dependiente de un paradigma crítico sujeto a la interpretación estrecha sobre el dictado causa-efecto.

De acuerdo con la etimología clásica más elemental, el arte feminista o femenino sería aquel que produce la mujer o un colectivo de mujeres en su libertad exponencial y especulativa sobre un territorio de enunciación en el que deja huella (o algún vestigio) de su voz. Sin embargo, esa acepción no viene sino a reforzar el esquema primario de una lectura crítica que desconoce la ambivalencia y relatividad del significado. Este acercamiento, por académico que parezca dada su ascendencia, poco aporta a la comprensión real del fenómeno feminista en el arte, toda vez que resulta de un determinismo genérico claramente empobrecedor. Este tipo de mirada refrenda una iniciática anal[ítica] que, con mucho, restringe el campo epistemológico del feminismo y suscribe –contrariamente- la autoridad de un criterio que estrangula su polivalencia y versatilidad conceptual, temática, morfológica y narrativa.

Siendo así, sucediendo o precediendo a esa noción restringida de lo femenino y del feminismo en el locus hermenéutico de la obra, tuvo lugar el estupendo proyecto FEMINIS-ARTE comisariado por Margarita de Aizpuru en la Sala Berlanga de Madrid. Se trata de un extensísimo relato audiovisual que, precisamente, por su misma naturaleza poliédrica, su densidad (también diversidad) argumental y su mirada subversiva respecto del canon, somete a discusión toda perspectiva monologante y reduccionista acerca de la consagración de una ideología de género en la escena estética contemporánea y, concretamente, en la producción audiovisual. La selección abarca veintiocho piezas audiovisuales concebidas desde una óptica de género, obra de veintidós artistas-mujeres de todas las nacionalidades y registros culturales. Estas piezas, dado el rigor conceptual y la audacia de sus narraciones internas, fagocitan la trabada interdependencia, de tintes cartesianos, entre mujer-obra-feminismo. Todas, en menor o mayor medida, y atendiendo a un criterio discursivo que dispensa gracilidad en términos estéticos y narrativos, operan desde el ámbito del “comentario crítico” tan caro a la reflexión socio-antropológica de alcance semiótico. En su totalidad, y al margen de alguna digresión, por demás legítima en este tipo de selecciones, estas piezas funcionan como ensayos deconstructivos propensos a rebajar, dislocar, desautorizar, anular o persuadir los perfiles hegemónicos de una visualidad falocentrista en la que el “signo mujer” había sido, hasta entonces, el objeto de una construcción estereotipada y sexista con arreglo a un sistema semiótico en extremo perverso y manipulador.

Ahora, de un tiempo a esta parte, se nos ratifica la legitimidad y lo viable de las “consideraciones transversales” y de los paradigmas asistidos por la concurrencia del fragmento y el ímpetu de la “subjetividad lateral” como síntoma. Sin embargo, y desde mucho antes de esta revolución de los márgenes y las oblicuidades enfáticas en el perímetro de la cultura posmoderna, las mujeres artistas habían sembrado la semilla de la discordia y el desagravio. Lo que, en cierta medida, supuso en algunos casos la reconsideración del valor y la eficacia del estigma. Casi pudiera decirse que resultó un tanto proporcional la relación de dependencia entre “reivindicación” y “marginación-segregación”. De hecho, ello supuso la exacerbación de nuevas connotaciones para el término y su contenido. En el propio seno de la corriente y en sus momentos de mayor esplendor, sabido es que muchas artistas rechazaron (y aun rechazan) el término por entender que su uso arrojaba cierta trabazón ideológica y restringía el alcance o valor del discurso a una determinación genérico-sexual. Lo que, para muchas, resultaría sinónimo de otro tipo –distinto- de exclusión.

El feminismo es de común leído como un sistema cerrado que tiende a la sobrevaloración de una protesta crítica respecto del ejercicio falocentrista que dispensa el relato dominante de la cultura. Sin embargo, su propia práctica y el número cada vez mayor de mujeres que asisten al campo de la producción de sentido, ha hecho descorrer el prejuicio de una mirada que se centra tan solo en el enfoque reactivo en detrimento de ese otro análisis que abraza la polifonía barroca que ansía siempre la proximidad y el roce con el otro. La ambigüedad y ambivalencia inicial, por suerte, han cedido terreno a una comprensión del hecho un poco más ampliada que convida a pensar el feminismo en toda su extensión y pertinencia en tanto que discurso estético no solo subversivo del régimen del falo, sino como ejercicio epistemológico que revisa y deconstruye la propia narración histórica haciendo añicos ese tejido axiológico donde el lenguaje es convertido en una trampa hermenéutica que justifica la discriminación y el vasallaje. A la noción de arte reproductivo se opone ahora la idea de una práctica artística concebida como “actuación activa” en el ejercicio de transformación social. A todas luces resulta evidente que el feminismo artístico, entre sus grandes logros sociales, ha llegado a ese punto en el que sus narrativas  suponen una embestida en el centro mismo de los cambios estructurales en el sistema sociopolítico de la cultura y el arte. Basta con advertir sus sostenidos índices de resistencia para comprender su legitimidad en el sistema de la cultura contemporánea y en el umbral del pensamiento más avanzado.

La selección propuesta por Margarita de Aizpuru con arreglo a un programa subdividido en epígrafes temáticos y conceptuales en los que se emplazan los  trabajos seleccionados, corroboran el alto grado de compromiso y la rabiosa diversidad de esta(s) voz(es). Tal y como subraya la comisaria, se trata de “obras audiovisuales que aportan distintos tonos, acentos, visiones y lenguajes: desde los más críticos y corrosivos, a los más lúdicos y divertidos, desde los más dramáticos y denunciadores, o los más poéticos, desde imágenes minuciosamente elaboradas y de gran precisión y limpieza técnica, a las de factura casera a modo de documentación. Todo ello enmarcado dentro del amplio campo de tendencias audiovisuales, en su confluencia con los discursos feministas y/o de género”. Lo cierto es que la propuesta, no sólo es buena por esa misma diversidad de modos y de estrategias discursivas (algunas más enfáticas, otras quizás menos) sino por la manera como logra evidenciar la versatilidad de un discurso y de sus estructuras lingüísticas y visuales en el trato directo y subversivo con el sistema de dominación y control.

Todas las artistas aquí reunidas encarnan, si se quiere, ese ideal de heroínas posfeministas que emblematizan, a su modo, dos de las reinas del pop contemporáneo, Madonna y Lady Gaga. Ambas, dentro del mismo sistema regido por la autoridad del falo y la rentabilidad de una mirada que construye –en su continua indigencia- la identidad del otro, alcanzan a subvertir toda la ideología del campo dominante y su trazado socio-semiótico. Toda vez que en la performance de ambas, ellas son el objeto y el sujeto de su mismo ensayo especulativo. Un ensayo que se trueca en resistencia y en fortaleza del signo. Ni por asomo preconizan la imitación o se rebajan ante el esquema de esa representación estereotipada que rige sobre ellas a modo de prospecto o de receta caducada. Por el contrario, dislocan el relato y sus orquestaciones sintácticas a favor de un reordenamiento del concepto o de los conceptos que dispensa lo femenino a tenor de la mirada masculina. La suya no es una horizontalidad pasiva o acumulativa de reacciones críticas. Distinto de ello proyectan una transversalidad radical que gestiona de un modo impecable la articulación dinámica y transgresora de las muchas superposiciones semióticas que ha hecho valor el discurso cultural dominante sobre la entidad “mujer”. Lo femenino y el feminismo, visto de este modo, tal cual lo entienden, al parecer, no solo las reinas del pop sino este grupo de artistas, resulta entonces de esa posición de resistencia que en términos globales es capaz de arbitrar un arduo proceso de transformación social de los significados. Solo en las márgenes críticas y en su dialéctica continua tiene lugar la auténtica transgresión y el signo más acabado de la revolución cultural.

De tal suerte, subraya con vehemencia la comisaria de este programa, “muchas de estas creadoras audiovisuales plantean sus obras desde ópticas de género y dentro del amplio abanico que hoy suponen los feminismos, efectuando importantes aportes que han supuesto unos de los mayores revulsivos en las artes visuales desde la segunda mitad del siglo veinte hasta ahora mismo. Han llevado a cabo unas profundas e interesantes indagaciones, desde diferentes y nuevas ópticas y visiones, en las cuales el cuerpo, la violencia, las identidades genéricas y sus deconstrucciones y reconstrucciones, las relaciones afectivas, el binomio sexo-amor, las relaciones íntimas, personales y familiares, la ubicación y papel de las mujeres en la sociedad, así como muchas otras temáticas que inciden en el análisis de la situación de las mujeres en el mundo, han sido los puntos generales en los cuales se han centrado mayoritariamente para elaborar sus creaciones”.

Listado de artistas y obras incluidas en esta selección, según subgrupo temático-narrativo:

-CUERPO, PODER Y VIOLENCIA DE GÉNERO

Confesión / REGINA JOSÉ GALINDO / Guatemala / 2007 / 2´25´´
Diluidas en agua / BETH MOYSES / Brasil / 2009 / 7´ 55 “
La Liberté Raisonnée /CRISTINA LUCAS / España / 2009 / 4’ 12’’

-CLICHÉS IDENTITARIOS, DECONSTRUCCIONES Y PARODIAS

Vivir con colmillos / MARÍA CAÑAS / España / 2012 / 1´28´´
Ellas dan el golpe / MARÍA CAÑAS / España / 2012 / 2’ 50’’
Perdón / ANNA JONSSON / Suecia / 2010 / 3’ 50’’
Fichadas Stämplade / ANNA JONSSON / Suecia / 2012 / 1’ 20’’
La Yenka / ANNA JONSSON / Suecia / 2009 / 3’ 45’’
Pido para un Chanel / YOLANDA DOMÍNGUEZ / España / 2010 / 2’ 29’’
Geo / ISABEL GARCÍA MARTÍNEZ / España / 2011 / 3’ 3”

-VISIONES SOBRE EL AMOR Y LA VIDA

Como morir de amor/ PRISCILLA MONGE / Costa Rica / 2000 / 4´45´´
Mama Fuente / CARMEN F. SIGLER / España / 2006 / 4´
I love to… /PATRICIA BENTANCUR / Uruguay / 2006 / 8’47’’
Im Fluss / CECILIA BARRIGA / Chile / 2007 / 5’ 15´´

-WORKING WOMEN

Vengarnos del cansancio, vengarnos del mal sueño / COLECTIVO MUJERES CREANDO / Bolivia / 2003 / 6´48´´
Working Girl / CORINE STUEBI / Suiza / 2004 / 4’ 56”
Ellas, filipinas / MARISA GONZÁLEZ / España / 06’ 02”País: España
Glass Ceiling / TERESA SERRANO / México / 2008 / 2’17”

-IDENTIDADES MÚLTIPLES

Test de la vida real / FLORENCIA P. MARANO / España / 2008 / 10’
Soy un hombre / ESTÍBALIZ SADABA / España / 2006 / 1’28´´
Multiplicidad / MARINA NÚÑEZ / España / 2006 / 1′ 40”
Red (Serie ciencia ficción) / MARINA NÚÑEZ / España / 2006 / 1′ 50”
Ocaso (Serie ciencia ficción) / MARINA NÚÑEZ / España / 2006 / 56”

-MUJERES A CIELO ABIERTO: CAMINOS Y VIDAS PROPIAS

El agua y la tierra originales / MAPI RIVERA / España / 2008 / 8´28´´
No pisar el césped / CARMELA GARCÍA / España / 2006 / 14’
Clepsidra / MACARENA NIEVES CACERES / España / 2004
Cada Respiro / GLENDA LEÓN / Cuba / 2003 / 1´50´´
Mar interno / GLENDA LEÓN / Cuba / 2006 / 1´19´´

 

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Andrés Isaac Santana es crítico, ensayista y comisario de exposiciones. Nacido en Matanza, Cuba, en 1973, es Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana y Máster en Arte cubano en la misma Facultad. Autor de varios libros sobre arte cubano y latinoamericano y de más de trescientos artículos y ensayos en medios especializados, entre su obra destacan los libros Imágenes del desvío: La voz homoerótica en el arte cubano contemporáneo (J.C. Sáez Editor. Santiago de Chile. 2003), Ensayo sobre el tratamiento de la sexualidad y los discursos de género en el arte cubano contemporáneo y la antología revisada de la crítica cubana en los 90 Nosotros, los más infieles: Narraciones críticas sobre el Arte Cubano 1993-2005, publicada por el sello editorial CENDEAC (Centro de Documentación y Estudios Avanzados de Arte Contemporáneo), en enero 2008 Ciudad de Murcia. Su último libro es Sin pudor (y penetrados) (Aduana Vieja, 2013).

Imagen: Extraída del vídeo Pido para un Chanel (2010), de Yolanda Domínguez. Cortesía de la artista.

 
 
 

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